“Para poder valorar mejor a los demás, es importante primero reflexionar sobre el error de valorarnos a nosotros mismos y en la cualidad de apreciar a otros. Si estimamos a los demás, entonces nosotros y los otros, seremos felices”
Dalai Lama


Valorarse a uno mismo está ligado a darnos la oportunidad de sacar la mejor versión de nosotros mismos, descubriendo y desarrollando todo nuestro potencial en todos los niveles.


En un pequeño callejón de la ciudad había tres pequeñas tiendas de calzado femenino que vendían exactamente los mismos modelos de zapatos. Los mercaderes se esmeraban por captar la atención de los clientes y ponían letreros muy ostentosos y llamativos. 


La primera tienda puso en el letrero “Compre uno y cualquier zapato al 30% de descuento de por vida”. La segunda tienda puso “Pague uno y lleve dos” La tercera tienda puso “Oferta, zapatos a mitad de precio, sólo hasta agotar stock”


Photo by Adam Jang on Unsplash
Un viejito paseaba por afuera y le preguntaba a las mujeres que opinaba de las tiendas con unos precios súper bajos. Están buenísimas las ofertas. Compraría en cualquier tienda, compraría unos tres pares. Le daría un buen uso a los pares que compre, los desecharía y usaría los otros, talvez me dure un par de meses. Como son baratos han de ser de mala calidad. O a lo mejor compraría unos cuantos pares para regalar.

Y así el viejito iba preguntando a las mujeres que opinaban sobre los zapatos, algunas le decían que no les duraban ni un año los zapatos que compraban; por curiosidad el viejito preguntó en las tiendas un par de zapatos que le quería regalar a su mujer, le dijeron $10 dólares. Súper barato, a precio de gallina robada.



Por casualidad, su mujer le dijo que le acompañase al centro comercial más caro de la ciudad porque su madre estaba allá de compras. El viejito un poco reacio le dijo que no hay problema.

Entraron a una tienda de calzados muy espectacular, los zapatos en una vitrina muy bellamente decoradas, el lugar desprendía un aroma muy agradable, las dependientas muy amables le ofrecían ayuda e información sobre la mercadería.

El viejito se percató que una señora había comprado los mismos zapatos que había visto en las tiendas del callejón, con una cara de sobresalto logró divisar el precio y estaban a $300 dólares. Es decir, los mismos zapatos a 30 veces más del precio.

El viejito de curioso le preguntó a la señora.  - ¿A usted le gusta comprar aquí?

- ¡Sí! Lo que aquí venden es de excelente calidad. Yo tengo comprada cosas aquí de hace más de 20 años y las tengo como nuevas. Es que lo que cuesta hay que cuidarlo. Esto vale mucho.

Era la misma mercancía pero el trato que recibió fue diferente, según el ‘precio’ es lo que le dio más valor a la mercancía. El que pagó mucho lo cuidó, todavía lo tiene y lo seguirá teniendo. El que pagó poco ya no lo tiene, lo botó a la basura y compró otro.

¿Cuánto vales? ¿Vales mucho o vales poco? Valorar, va más allá del valor, más allá de considerarlo importante. Cuando valoramos, apreciamos todas las cualidades, invertimos nuestro tiempo, energía, esfuerzo.

Si valoráramos una pintura de Leonardo Da Vinci o Pablo Picasso; nos centraríamos en su belleza, la delicadeza de cada pincelada, en su diseño, su perfección; más no en las grietas de la pintura o en sus defectos, y tratarías de mantenerla lo más a salvo posible, en óptimas condiciones y de buena iluminación.



Photo by Christiana Rivers on Unsplash

De la misma manera, una persona con valor propio que se valora. Aprecia cada una de sus cualidades, incluso si la está tratando de mejorar, cuidan de sí mismo, cuidan de su salud física, emocional, psicológica, no hacen algo tonto que atente contra su integridad. Se respetan, se valoran, se aman así mismos.

Las personas con alto valor propio tienden a valorar más a su prójimo. Esto es porque cuando nos valoramos, elevamos nuestra capacidad para sentir, tenemos mejor bienestar. Piensa por un momento ¿cómo te sientes cuando eres cariñoso con la persona que amas?




Por el contrario, cuando le restamos valor a otra persona, nos desvalorizamos a nosotros mismos, nuestra capacidad para sentir disminuye y nuestro bienestar se deteriora. Piensa también ¿cómo te sientes cuándo hablas pestes de algún ser querido?

En conclusión, cuando valora a alguien experimentas un estado de alto valor y cuando devalúas a alguien experimentas un estado de devaluado. Valorar a otros hace que nuestro valor propio se dispare por las nubes.

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¿Cuál es el primer paso para ser Feliz?


“Para poder valorar mejor a los demás, es importante primero reflexionar sobre el error de valorarnos a nosotros mismos y en la cualidad de apreciar a otros. Si estimamos a los demás, entonces nosotros y los otros, seremos felices”
Dalai Lama


Valorarse a uno mismo está ligado a darnos la oportunidad de sacar la mejor versión de nosotros mismos, descubriendo y desarrollando todo nuestro potencial en todos los niveles.


En un pequeño callejón de la ciudad había tres pequeñas tiendas de calzado femenino que vendían exactamente los mismos modelos de zapatos. Los mercaderes se esmeraban por captar la atención de los clientes y ponían letreros muy ostentosos y llamativos. 


La primera tienda puso en el letrero “Compre uno y cualquier zapato al 30% de descuento de por vida”. La segunda tienda puso “Pague uno y lleve dos” La tercera tienda puso “Oferta, zapatos a mitad de precio, sólo hasta agotar stock”


Photo by Adam Jang on Unsplash
Un viejito paseaba por afuera y le preguntaba a las mujeres que opinaba de las tiendas con unos precios súper bajos. Están buenísimas las ofertas. Compraría en cualquier tienda, compraría unos tres pares. Le daría un buen uso a los pares que compre, los desecharía y usaría los otros, talvez me dure un par de meses. Como son baratos han de ser de mala calidad. O a lo mejor compraría unos cuantos pares para regalar.

Y así el viejito iba preguntando a las mujeres que opinaban sobre los zapatos, algunas le decían que no les duraban ni un año los zapatos que compraban; por curiosidad el viejito preguntó en las tiendas un par de zapatos que le quería regalar a su mujer, le dijeron $10 dólares. Súper barato, a precio de gallina robada.



Por casualidad, su mujer le dijo que le acompañase al centro comercial más caro de la ciudad porque su madre estaba allá de compras. El viejito un poco reacio le dijo que no hay problema.

Entraron a una tienda de calzados muy espectacular, los zapatos en una vitrina muy bellamente decoradas, el lugar desprendía un aroma muy agradable, las dependientas muy amables le ofrecían ayuda e información sobre la mercadería.

El viejito se percató que una señora había comprado los mismos zapatos que había visto en las tiendas del callejón, con una cara de sobresalto logró divisar el precio y estaban a $300 dólares. Es decir, los mismos zapatos a 30 veces más del precio.

El viejito de curioso le preguntó a la señora.  - ¿A usted le gusta comprar aquí?

- ¡Sí! Lo que aquí venden es de excelente calidad. Yo tengo comprada cosas aquí de hace más de 20 años y las tengo como nuevas. Es que lo que cuesta hay que cuidarlo. Esto vale mucho.

Era la misma mercancía pero el trato que recibió fue diferente, según el ‘precio’ es lo que le dio más valor a la mercancía. El que pagó mucho lo cuidó, todavía lo tiene y lo seguirá teniendo. El que pagó poco ya no lo tiene, lo botó a la basura y compró otro.

¿Cuánto vales? ¿Vales mucho o vales poco? Valorar, va más allá del valor, más allá de considerarlo importante. Cuando valoramos, apreciamos todas las cualidades, invertimos nuestro tiempo, energía, esfuerzo.

Si valoráramos una pintura de Leonardo Da Vinci o Pablo Picasso; nos centraríamos en su belleza, la delicadeza de cada pincelada, en su diseño, su perfección; más no en las grietas de la pintura o en sus defectos, y tratarías de mantenerla lo más a salvo posible, en óptimas condiciones y de buena iluminación.



Photo by Christiana Rivers on Unsplash

De la misma manera, una persona con valor propio que se valora. Aprecia cada una de sus cualidades, incluso si la está tratando de mejorar, cuidan de sí mismo, cuidan de su salud física, emocional, psicológica, no hacen algo tonto que atente contra su integridad. Se respetan, se valoran, se aman así mismos.

Las personas con alto valor propio tienden a valorar más a su prójimo. Esto es porque cuando nos valoramos, elevamos nuestra capacidad para sentir, tenemos mejor bienestar. Piensa por un momento ¿cómo te sientes cuando eres cariñoso con la persona que amas?




Por el contrario, cuando le restamos valor a otra persona, nos desvalorizamos a nosotros mismos, nuestra capacidad para sentir disminuye y nuestro bienestar se deteriora. Piensa también ¿cómo te sientes cuándo hablas pestes de algún ser querido?

En conclusión, cuando valora a alguien experimentas un estado de alto valor y cuando devalúas a alguien experimentas un estado de devaluado. Valorar a otros hace que nuestro valor propio se dispare por las nubes.

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